Danza de Objeto

La danza de objetos se basa en la interrelación entre los objetos y el movimiento: hacer que un objeto baile y sentir la tangibilidad del movimiento. Un diálogo entre las propiedades físicas de los objetos (textura, forma, peso), y un vocabulario de acciones (lanzar, empujar, deslizar, dar, tirar, golpear, cuidadosamente colocar…) de la que surge la danza.
Las “cosas” con las que trabajamos son objetos sin historia ni significado (piezas de madera, hilos, elásticos…), que tienen la capacidad de revelar historias y significados gracias a su conexión con el cuerpo y el movimiento.
La tensión entre la materialidad de las cosas y la inmaterialidad del movimiento genera la energía del lenguaje performativo.

“No jugamos con las cosas ni con las imágenes, jugamos con objetos que al mismo tiempo se doblan y resisten a nuestros deseos. Estamos con ellos en un estado de unión y separación. Jugar con las cosas es estar en unión con ellos en el mismo lugar de nuestra separación”. Francis Ponge

La Musicalidad del Gesto

La analogía entre danza y música proporciona una cantidad inagotable de herramientas y una forma de producir y leer movimiento que alimenta la creatividad, la precisión y la escucha de la voz del gesto.
Se puede relacionar movimiento y sonido, pensando en ambos en términos de tono, dinámica, duración, volumen, y así generar una polifonía de acciones en el propio cuerpo y en relación con otros cuerpos.

A través de tareas de improvisación, que despiertan un estado de alerta y atención al momento presente, se abordarán diferentes temas:

– la articulación de un gesto, pasando de una forma a otra, examinando el modo, la claridad y la legibilidad del movimiento;

– la dinámica, el pasar entre el control y la falta de control sobre las propias acciones, jugando con el equilibrio, la suspensión, dejándose llevar y retomando las riendas del movimiento;

– la tensión muscular, sostener empujar, recibir, mover y dejarse mover por el otro, observando como la variación del tono muscular provoca diferentes reacciones físicas y emocionales;

– la relación, copiar el gesto del otro, o componer un ritmo a más voces;

– la disociación, la fragmentación de la unidad del cuerpo en diferentes partes, sin perder la percepción del conjunto;

– el silencio, la intensidad y la importancia de las pausas en la escritura instantánea de frases coreográficas.

Se pueden usar estos elementos por separado y en conexión, como un motor para componer una música visual, y para experimentar los potenciales comunicativos de este vocabulario.

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